Las empresas emergentes que esperan salir a bolsa este año necesitarán mucho coraje para que sus acciones coticen.

La caída de las acciones de software por temor a que la IA haga que sus negocios sean irrelevantes ya ha echado un jarro de agua fría a los planes de oferta pública inicial de muchas empresas emergentes. Luego, la guerra de Oriente Medio puso a las empresas aún más nerviosas a la hora de poner a prueba un mercado de valores volátil. Es más, una inminente salida a bolsa de SpaceX y posiblemente de OpenAI y Anthropic amenazan con absorber la demanda y la atención de los inversores públicos.

A pesar de estos obstáculos, un puñado de nuevas empresas, además de SpaceX, siguen adelante con sus planes de salida a bolsa con la creencia de que sus negocios se beneficiarán de la creciente demanda de IA o al menos podrán prosperar junto con ella. Están contratando banqueros y hablando con inversores que compran acciones públicas. Por ejemplo, Cerebras, la startup de chips de inteligencia artificial, valorada en 23 mil millones de dólares en una recaudación de fondos privada el mes pasado, celebrará un día de inversionistas en los próximos días para una cotización que podría tener lugar en abril de este año, según personas familiarizadas con sus planes.

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